¿Cómo perderé mi virginidad?
Yo no quiero vestirme de militar y matar a mis compañeros de curso a lo Elephant. Aunque hay suficientes razones para hacerlo. Ahí estaba yo, sentado en el patio de mi colegio, con un libro en la mano, escuchando “All Tomorrow´s Parties” y pensando como rayos escapar de allí. El guionista de mi vida me empezaba a aburrir por lo predecible. Sabía que Claudio iba a tratarme de pao leso delante de la única chica con la que podía conversar de discos. Sabía que mi profesor de matemática no me explicaría el jodido ejercicio. Sabía que en Educación Física me quedaría esperando hasta el final para que me metieran en un equipo. Sabía que a la vuelta me iría solo en la micro viendo como los tipos de cuarto medio parecían pasarlo demasiado bien con sus vidas.
Todo es tan requeteinjusto, pienso, mientras la pastilla me hace efecto y me dan ganas de abrazarme a mi mismo o que alguien se de cuenta de lo que me pasa. Y mientras floto con mi walkman, pienso que daré mi primer beso a los 24 años. Batiré un record latinoamericano o algo así. Y no será porque pierda un ojo u olvide lavarme los dientes. Simplemente me perderé, vomitando mi pena-rabia contra el señor del guión y la tipa que no me pesca, en una guitarra eléctrica imitación Fender. El guionista seguirá en reunión de pauta y la muy maldita ni siquiera escuchará la canción pop que le compondré.
Lo único bueno de ser como esos tipos de cuarto es que ellos no tienen acné, que les quedan bien las camisas "L" y que cuando salen con alguna galla no dicen nada. Las miran con ojos de película softcore y ellas creen que son "misteriosos". No saben que no tienen nada que decir.
Mis profesores piensan que soy “sensible”, mis amigos “especial”, mis amigas “tierno” y el resto “ahuevonado”. Lo malo es que yo no me siento importante por eso.
Una noche mientras preparaba un trabajo, me quedé pegado en una peli española. Los peores años de nuestras vidas. El protagonista de pelo rojo le pedía a Dios una mujer que lo quisiera. En una escena la chica que le gustaba, el tipo que le gustaba a la chica y él fueron al cine. En la pantalla una pareja se revolcaba con frenesí. El colorín se levantó indignado y les gritó que dejaran de joder, que eso no ocurre en la vida real, que la vida no es capaz de entregarnos esa felicidad. La parejita se detuvo y lo miro. “¿Qué otra cosa quieres que hagamos?. Es nuestro trabajo, ilusionar a la gente”.
Quiero que el señor guionista me de otra oportunidad. Pero ahora no. Quiero seguir vomitando con mi guitarra hasta llegar a una edad en que haya visto todos los discos, leído todos los libros y visto todas las películas. Para "hacer arte en vez de comentarla". Si. Ca-le-ta. Y que aparezca una chica en el metro Montt a las 8 de la mañana y me invite a escuchar Interpol en el parque forestal.
Me encantaría que el señor guionista me responda a la pregunta que encabeza estas palabrotas.
Y que ella se enamore de mí cuando le cuente que quiero escribir sobre, ¿Por qué infiernos si un músico se muestra triste, inseguro y vulnerable es escuchado con atención por la misma chica que te trata de mamón?. Pero filo, la historia quiero empezar a contarla a esa edad. Por lo que los tipos de cuarto, las chicas de lentes y el colegio pueden irse tranquilamente a la punta del cerro.
Tendré cosas más importantes en que pensar. Ellos van a desaparecer primero.
Y tú?
Todo es tan requeteinjusto, pienso, mientras la pastilla me hace efecto y me dan ganas de abrazarme a mi mismo o que alguien se de cuenta de lo que me pasa. Y mientras floto con mi walkman, pienso que daré mi primer beso a los 24 años. Batiré un record latinoamericano o algo así. Y no será porque pierda un ojo u olvide lavarme los dientes. Simplemente me perderé, vomitando mi pena-rabia contra el señor del guión y la tipa que no me pesca, en una guitarra eléctrica imitación Fender. El guionista seguirá en reunión de pauta y la muy maldita ni siquiera escuchará la canción pop que le compondré.
Lo único bueno de ser como esos tipos de cuarto es que ellos no tienen acné, que les quedan bien las camisas "L" y que cuando salen con alguna galla no dicen nada. Las miran con ojos de película softcore y ellas creen que son "misteriosos". No saben que no tienen nada que decir.
Mis profesores piensan que soy “sensible”, mis amigos “especial”, mis amigas “tierno” y el resto “ahuevonado”. Lo malo es que yo no me siento importante por eso.
Una noche mientras preparaba un trabajo, me quedé pegado en una peli española. Los peores años de nuestras vidas. El protagonista de pelo rojo le pedía a Dios una mujer que lo quisiera. En una escena la chica que le gustaba, el tipo que le gustaba a la chica y él fueron al cine. En la pantalla una pareja se revolcaba con frenesí. El colorín se levantó indignado y les gritó que dejaran de joder, que eso no ocurre en la vida real, que la vida no es capaz de entregarnos esa felicidad. La parejita se detuvo y lo miro. “¿Qué otra cosa quieres que hagamos?. Es nuestro trabajo, ilusionar a la gente”.
Quiero que el señor guionista me de otra oportunidad. Pero ahora no. Quiero seguir vomitando con mi guitarra hasta llegar a una edad en que haya visto todos los discos, leído todos los libros y visto todas las películas. Para "hacer arte en vez de comentarla". Si. Ca-le-ta. Y que aparezca una chica en el metro Montt a las 8 de la mañana y me invite a escuchar Interpol en el parque forestal.
Me encantaría que el señor guionista me responda a la pregunta que encabeza estas palabrotas.
Y que ella se enamore de mí cuando le cuente que quiero escribir sobre, ¿Por qué infiernos si un músico se muestra triste, inseguro y vulnerable es escuchado con atención por la misma chica que te trata de mamón?. Pero filo, la historia quiero empezar a contarla a esa edad. Por lo que los tipos de cuarto, las chicas de lentes y el colegio pueden irse tranquilamente a la punta del cerro.
Tendré cosas más importantes en que pensar. Ellos van a desaparecer primero.
Y tú?

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